Homenaje a Monterroso.
Cuando desperté, el trabajo todavía estaba allí.
Homenaje a Monterroso.
Cuando desperté, el trabajo todavía estaba allí.
Caminar por el puente y sentir el llamado del abismo.
El mercenario nocturno sentía la materia tras de su ojo derecho. A lo lejos, la sensatez lo ve, se le aproxima, le pregunta:
-¿Renuncias a la noche y a todas sus obras?
Y el mercenario:
-Sí, renuncio.
Antes de abandonar el patio rumbo a la cocina llevándose las toallas secas, volteó. Las tres palomas al borde del muro bajo la noche de verano apenas se distinguían por sus siluetas y por su blanca cera, pero era suficiente para saber que se miraban, que lo miraban, que no sabían qué hacer mientras no amaneciera y la luz de la Luna siguiera reflejándose en sus pequeñas pupilas.
-¿Quieres bailar conmigo?
-Es que me duelen las piernas…