Esto no es un estornudo: es mi blog (¡achú!)

Posts etiquetados ‘blogografía’

Uno, dos, tres, probando otra vez

In Uno, dos, tres, probando... on 19 julio 2010 at 1:01 am

Probar, experimentar para conocer. Es práctica común de los científicos, y como la ciencia es la dispensadora de la verdad en nuestros tiempos, resultó que, a finales del 2008, los editores de la revista Etiqueta Negra me encomendaron uno de los blogs con los que entonces se relanzaría la página web de la revista. Uno, dos, tres, probando fue su nombre. La idea era probar las cosas diversas de la vida para ver de qué se trata. Como mencioné en el primer post del Alvariblog, aquel blog se cerró en el 2009 una vez cumplido su ciclo, en parte por agotamiento cerebral (exagero) y en parte por agotamiento del ánimo (no exagero). Como sea, aquel blog vuelve. Todo vuelve, el aire que respiramos, el amor que perdimos y hasta el ánimo que se nos fue. Y es que nada se crea ni se destruye, sólo se transforma. Lo dice la física y lo refrenda el arte literario.

Uno, dos, tres, probando vuelve, ahora convertido en una de las categorías del Alvariblog. Aquí publicaremos nuevamente los posts que salieron en el extinto blog de Etiqueta Negra, y luego proseguiremos con pruebas nuevas de las cosas de la vida.

Deséenme buena suerte. Probemos.

Odiseo blogógrafo

In Alvaricuentos on 8 abril 2010 at 12:38 pm

-¿Sabe qué?

-¿Qué?

-Yo creo que nadie lee su blog.

-¡Vaya! Nadie tiene un excelente gusto, creo yo.

Ejercicio de la blogografía

In Alvaricosas on 15 enero 2010 at 1:50 am

Hola, lector. Dime: ¿debemos, o no debemos, ejercer el arte blogográfica?

Sí, ya sé. Dije que no lo haría, pero estoy aquí, escribiendo un blog. Ya antes, en el sitio web de una de las mejores revistas del mundo, tuve un blog (Uno, dos, tres, probando, ¿lo recuerdas?), pero hubo que cerrarlo: la masa de trabajo pecuniario me impidió seguir alimentándolo. Incluso entonces me sorprendía a mí mismo el estar a cargo de un blog, porque desde que tuve noticia de esto de las bitácoras en línea todo el asunto me pareció un desperdicio de tiempo, tanto para blogógrafos como para lectores: éstos verían sus minutos absorbidos por sujetos lejanos a la talla de Aristóteles o de Carlos Germán Belli, y aquéllos los verían absorbidos por la inutilidad de ver su vaciedad intelectual bajo la forma de palabras.

Es que no hay derecho de tomar el tiempo, esa inefable semilla de la vida, para andarlo esparciendo por las corrientes del viento, hacia los campos infecundos del olvido. No. Y la blogografía reúne todos los ingredientes para olvidar la vida, para banalizarla. ¿O no, lector? Piensa. Piensa en lo que ganas escribiendo (o leyendo) las cosas que viste, que viviste, que pensaste, poniéndolas sobre una bitácora sin más, una tras otra, día tras día (¿hora tras hora?), semana tras semana, para que todo el mundo (¡jua!) las lea, las comente, y todo para que acumules miles pero miles de visitas, para que estés en boca de todos, para que seas alguien en la web, para que seas un blogógrafo “relevante”… relevante… porque todos te leen.

¿Y acaso uno va a tener el corazón hermoso porque todos lo lean?

No y no. Esto de la blogografía más se parece a lo pasajero de las modas y al afán de figuración que a la comprensión del mundo. Y yo quiero escribir para que el mundo sea un lugar que yo pueda comprender antes de morir. Por eso siempre sentí más admiración por quienes permanecen en silencio, observando, pensando… para sólo hablar (escribir) en el momento oportuno, cuando tenían algo relevante que decir. Tengo la convicción de que los grandes libros, las grandes novelas, los grandes poemas, las grandes películas, las grandes acciones, todo lo grande, todo lo que engrandece al corazón humano en medio de esta pequeñez que nos envuelve procede de la capacidad de hacer silencio, observar, estudiar y decir. Y eso requiere tiempo, no el tiempo vertiginoso de la blogografía, del escribir-el-post-del-día-porque-si-no-el-blog-está-en-nada, sino el tiempo pausado de la reflexión y del trabajo intelectual profundo.

Pero he aquí que estoy escribiendo un blog.

Lector, ¿te haré desperdiciar tu tiempo? ¡No, por favor! Nunca me lo permitas. Quiero creer que tengo algo que decir, el talento para decirlo y el tesón para encauzar ese talento. Perdóname nada más por haber abierto este blog para lograrlo. Creo poder hacerlo.

Aquí vamos.

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